Pesca en Rusia: Río Varzuga, Parte I PDF Print E-mail
Written by Marcos Czerwinski   
Tuesday, 27 September 2005
Te invito a pescar a Rusia la semana del 15 al 21 de Junio de 2002, me decía, exactamente tres años antes, un amigo, Mike Savage, el gurú del Salmón del Atlántico según sus pares.

En aquellos días nada me hacía suponer que cumpliría mi sueño de ir a pescar el rey de todos los peces de agua dulce. De él se cuentan tantas historias fantásticas. Hay infinidad de libros escritos sobre su pesca que datan de varios siglos atrás, con moscas famosas por su belleza y efectividad, que hicieron trascender los nombres de sus atadores o los de las personas para las cuales fueron atadas. Podría vivir toda la mística de su pesca, practicada únicamente por la realeza británica de hace dos o tres siglos, no ya en los tradicionales ríos salmoneros de Escocia como el Tay, el Dee o el Spey; sino en la lejana península Kola, en Rusia, al norte del Círculo Polar Artico, hacia donde se dirigen todos los pescadores de salmón del Atlántico en estos tiempos.

Mike Savage me estaba invitando a pescar el río Kola en la segunda semana de la temporada, cuando remontan el río los salmones más grandes. También tenía una invitación siempre abierta de mi agente inglés, Roxton Bailey Robinson, para pescar en alguno de los ríos en los que esta empresa opera en la península. Y como Mike había hecho reservas en Roxton's para todo el grupo para la semana anterior en el río Varzuga, aproveché la invitación que tenía pendiente y me uní al grupo las dos semanas, la primera en el Varzuga y la segunda en el Kola.

Desde que recibí la invitación de Mike para el Kola mi ansiedad fue en aumento, diría que, cada hora, y mis nervios por si me olvidaba de algo, también. Repasé todos los videos de lanzamiento con caña de dos manos; seleccioné mis moscas, preparé mis cañas, reeles, líneas y demás accesorios en función de lo que me sugerían mis amigos expertos en salmón del Atlántico y en la pesca en Rusia; me preparé listas de lo que debía llevar y de aquello que por las dudas me sirva o necesite. Programar el viaje para que coincidieran los horarios de los vuelos con las fechas de las reservas, tampoco fue una tarea fácil. Por vivir en Tierra del Fuego, tenía que contar con un día extra en Buenos Aires ya que no coincidía el vuelo de cabotaje con el internacional. El viaje en sí, literalmente, fue al otro extremo del mundo para mí, más de 20.000 kilómetros, veinticuatro horas de vuelo netas y cinco días de viaje con pernoctes en Buenos Aires, Moscú y Murmansk ya en la península Kola. Una noche perdida de sueño ya que entre Buenos Aires y Moscú hay seis horas de diferencia horaria hacia delante en el reloj. Estos datos son solamente para el viaje de ida. Habría que sumarle la vuelta también, obviamente.

A Moscú, llegué un día jueves por la tarde y recién tenía vuelo a Murmansk al día siguiente por la tarde, vuelo que tomaba con mi grupo de amigos que llegaban de Londres el viernes al mediodía. Aproveché lo que restaba del jueves para visitar el centro de Moscú. El viernes desde temprano hasta la tarde recorrí el Kremlin con sus museos e iglesias antiguas, la Plaza Roja e hice un viaje en el famoso tren subterráneo con sus magníficas estaciones revestidas en mármol y adornadas con obras de arte.

Para los que no tienen un mapa a mano, y para ubicarlos, Moscú está en el hemisferio norte aproximadamente a la misma latitud que Ushuaia, la ciudad mas austral del mundo, en el hemisferio sur. En Moscú la noche era muy corta para esa época, apenas unas tres o cuatro horas, pero en Murmansk, ubicada casi 2500 kilómetros más al norte, la noche no existía y el sol siempre brillaba bien alto sobre el horizonte. Esto era muy importante para nosotros los pescadores, ya que nos permitía pescar toda la noche si se daban ciertas condiciones.

Llegamos con mis amigos, entonces, cerca de las diez de la noche a Murmansk, -en pleno día-, el viernes 7 de junio. Murmansk es una ciudad de unos quinientos mil habitantes y fue un centro importante durante la Segunda Guerra Mundial. En la zona, se encontraban las bases navales rusas, sobre todo de submarinos, y era el único puerto con salida al Atlántico y que no se congelaba en invierno. Esta ciudad está ubicada sobre las orillas del río Kola, que desemboca al norte, en el mar Bherents.

La península Kola es un apéndice de la península escandinava y está orientada en una dirección general Oeste - Este, con el mar Bherents al norte y el mar Blanco al sur de la misma. Al estar ubicada prácticamente toda al norte del Círculo Polar Artico tiene unos inviernos largos y muy crudos, con temperaturas bien por debajo de los 30ºC negativos. Por lo contrario, los veranos son muy cortos y muy calurosos, con temperaturas por encima de los 30ºC positivos, lo que produce una vegetación muy particular, con áreas boscosas de coníferas, en general cipreses -Cyprus pine-, sosna en ruso, mezclados con abedules -silver birch-, de troncos blancos. En estos bosques hay muchos hongos, sobre todo en los árboles, llamados chagger en inglés, que se cortan en pequeños trozos, se dejan remojar en agua al sol y luego, con ese líquido se prepara un buen té, especialmente bueno para el hígado, sobre todo cuando se ingieren grandes cantidades de vodka.

El paisaje en la península es boscoso, con muchos lagos y ríos, con vastas extensiones de tundra, muy similar a la zona central y sur de Tierra del Fuego, con una zona montañosa al oeste de la península disminuyendo las elevaciones hacia el este, al igual que los bosques que se van raleando hacia el este también.

En la península hay ríos muy importantes, sobre los que hay operaciones de pesca deportiva del salmón y algunos tributarios más pequeños donde también se pesca, pero en menor medida. Por lo general, los ríos que desembocan al norte de la península son de grandes salmones, pero en menores cantidades. Los ríos que desembocan hacia el sur, Mar Blanco, tienen mayores cantidades de salmones pero de tamaño menor.

Los principales ríos son, de oeste a este, y en el sentido de las agujas del reloj, Western Litsa, Ura, Kola, Rynda, Kharlovka, Eastern Litsa, Siderovka, Varzina, Jokanga, Ponoi, Pulanga, Strelna, Varzuga y Umba. Aunque menores, son importantes los ríos tributarios, como el Pana, Kitza, Tuloma, Pecha, Bear, y muchos otros más.

Los sábados son días de recambio de pescadores en los campamentos y todos ellos se concentran en el aeropuerto de Murmansk. Este aeropuerto se convierte, por unas seis horas, en un ir y venir de más de doscientos cincuenta pescadores. Allí me encontré con muchos amigos y conocidos, asiduos visitantes del río Grande en Tierra del Fuego. Todos con datos útiles, sabían que era mi primer viaje al salmón. Intercambiamos bromas, especialmente con los ingleses, ya que esa semana se jugaba el partido Argentina ? Inglaterra por el último mundial de fútbol.

Del aeropuerto prácticamente todos los grupos son trasladados a sus respectivos campamentos en grandes helicópteros. Nos dirigíamos al Upper Varzuga -Varzuga superior- y compartíamos el vuelo con otro grupo que se dirigía al río Pana. Después de casi dos horas de ruidoso vuelo, aterrizamos en medio del bosque en el campamento, donde nos esperaba todo el staff , con Justin MacCarthy como manager.

Con Justin ya nos conocíamos, hemos guiado juntos algunas veces en la Estancia San José, en Tierra del Fuego, antes de que ésta fuera comprada por Ted Turner. Me alegré mucho al ver a Justin allí y a cargo de tan importante campamento.


El campamento

Casi todos los campamentos de pesca en la península Kola están en zonas muy apartadas y aisladas, sin caminos para acceder durante el verano, y donde el helicóptero es el único medio de transporte en esta prácticamente despoblada península. Los pueblos más cercanos a nuestro campamento del Upper Varzuga eran el Umba a unos 140 kilómetros y el Varzuga a unos 90 kilómetros, ambos pueblos sobre el mar Blanco en la desembocadura de estos ríos. En invierno es cuando se puede llegar por tierra, pero únicamente en motos de nieve en un viaje de dos días si las condiciones son buenas.

Nuestro campamento estaba ubicado en un claro del bosque, a unos seis metros sobre el nivel del río y a sus orillas . Era un campamento relativamente nuevo, ésta era su segunda temporada, ya que el anterior fue barrido por un deshielo tres temporadas atrás. Consistía en varias carpas estructurales para alojamiento y otras más grandes para cocina, comedor, baños... El nuevo campamento fue construido con gran esfuerzo ya que las carpas se cambiaron por cabañas de madera y con elementos de mayor confort transportados por helicóptero hasta ese lugar.

El campamento constaba de siete cabañas con comodidades para dos personas cada una, con dos elementos disonantes en la misma como una tela mosquitero sobre cada cama y un radiador eléctrico para calefacción. Una cabaña de mayor tamaño era nuestro comedor y sala de estar, y otras dos de similar tamaño, una era la cocina y el comedor para los guías y la segunda era el baño con duchas de agua caliente y todos los demás servicios. El baño era unisex, había que poner en la puerta el cartel correspondiente al sexo de la persona que estaba adentro: hombre - mujer. Siempre había un chistoso que ponía el cartel de canto y no se sabía quién estaba adentro, nos dábamos cuenta por los gritos cuando entrábamos.

El campamento se completaba con una casa de madera, amplia, donde se alojaban los guías y el resto del staff , una cabaña para depósito y otra donde estaba el banya, baño sauna ruso. La electricidad era provista por un enorme generador y el agua que tomábamos era del río o mineral en botellas.

Nos levantábamos cerca de las ocho de la mañana y después de un desayuno muy abundante, ya cerca de las nueve de la mañana, nos íbamos a pescar por todo el día. Los desayunos no eran para hacer dieta, ni mucho menos. Había huevos revueltos, jamón cocido y panceta ahumada fritos, panqueques con melaza, chorizos fritos, avena con leche, tostadas de pan casero, manteca, mermelada, jugos, café, té. Este tipo de desayunos, más que no entrarme en el estómago no me entraba en la cabeza que alguien pudiera comer tanto a esa hora de la mañana. Sin mi mate me las arreglaba con jugos o café y dos tostadas con mermelada.

El almuerzo era siempre preparado en el río por el guía y consistía, todos los días, de un salmón asado en papel de aluminio, acompañado por algún sandwich o tortilla fría, cerveza o agua mineral, fruta de postre, té o café y alguna barrita de chocolate o alguna otra golosina. Suficiente almuerzo como tentempié. Tras una corta sobremesa seguíamos pescando toda la tarde.

Alrededor de las ocho de la noche ya nos empezábamos a juntar en el campamento y después de una ducha reparadora o un banya relajante nos sentábamos en la cabaña comedor a esperar la cena mientras comentábamos las actividades del día y planificábamos las del día siguiente tomándonos algunos aperitivos, sobre todo un Bloody Mary preparado por Justin el que superaba a los de Tom Cruise en Coctail.

La cena era preparada por una cocinera inglesa con recetas inglesas, como para que los clientes no extrañen tanto su casa. Las comidas eran abundantes y sabrosas. Una noche nos ofrecieron carne de oso. No todos quisieron probar. Como a mí me gustan las carnes salvajes me dí el gusto con el oso. Resultó una carne muy buena, oscura y fuerte como cualquier carne salvaje, pero como estaba muy bien preparada, gustosa al paladar también.

Dos de los pescadores habían traído vinos muy buenos y algunas exquisiteces para después del postre. Mike Savage y Tony Paulino-Alvarez trajeron vinos franceses, chilenos y de Napa Valley. Tony, además, trajo chocolates y quesos que convidaba después de cenar para degustar con algunos de sus vinos. Mike trajo, no se sabe de dónde, medio kilo de un caviar realmente de lujo, lo saboreamos en la cena de despedida únicamente.

Normalmente nos íbamos a dormir después de medianoche, a plena luz del día, viendo, muchas veces, cómo se levantaba la niebla desde el río y escuchando cantar a algunas aves.


El clima

Muchos de los que me escucharon contar mis experiencias de este viaje me preguntaron por el clima. Les llamaba la atención mis fotos pescando de remera por encima del Círculo Polar Artico!

En realidad, antes de viajar, recibí un aviso de Bill Hunter, famoso pescador y atador de moscas, me advertía que estaba lloviendo y hacía mucho frío en Rusia. Pero, por otro lado, en los papeles que me recibía de las agencias con datos sobre el viaje y lo que deberíamos llevar, me decían que las temperaturas eran altas, que había mosquitos, pocas lluvias, y que había que llevar mucho repelente de insectos. En definitiva, llevé de todo por las dudas y tuve que pagar el correspondiente exceso de equipaje.

El Varzuga nos recibió con lluvia el sábado por la tarde y nos despidió con sol el sábado siguiente por la mañana. Tuvimos, finalmente, un clima excelente con días de hasta 29ºC. Todos excepto uno, el jueves, que pasó un frente frío del NE que trajo un poco de lluvia, viento y un pronunciado descenso de la temperatura. Esta, en pocas horas, bajó de 19ºC a las diez de la mañana a 6ºC a las tres de la tarde, con una sensación térmica de 0ºC ... y yo pescando de remera, un chalequito de abrigo y la campera impermeable. Me pasé toda la tarde tiritando y con los dientes castañeteando, pero nadie me iba a sacar del agua, sobre todo cuando tenía para pescar el Pillars of Hercules y los Tyuvenga Rapids o, simplemente, Hercules y Rapids.

Los insectos algunas veces llegaron a ser una pesadilla, sobre todo cuando hacía calor. Los que más abundaban eran unas mosquitas tipo midge que lo único que hacían era molestar. Los mosquitos eran, ellos sí, terribles, porque no se los sentía picar pero una vez terminada su fiesta dejaban unas ronchas que duraban días. Todo esto se solucionaba con repelente, pero éste, muchas veces, se lavaba de las manos al manipular la línea mojada o al soltar algún salmón. La nube de mosquitos alrededor de nuestras cabezas era a veces insoportable. En el campamento Mike Savage me prestó una capucha de tela mosquitera para la cabeza y que tapaba hasta el cuello. Fue el remedio para los días en los que los mosquitos estaban más bravos. En el bosque estos insectos están permanentemente en acción, en el río no siempre; cuando sopla alguna brisa, enseguida se dispersan. En la cabaña teníamos la precaución de mantener siempre las puertas cerradas. Nunca nos molestaron de noche.


La pesca

Mientras nos tomábamos los aperitivos antes de la cena organizábamos la pesca para el día siguiente. En el grupo éramos siete pescadores, entre ellos una mujer, hermana de uno de ellos. Todos amigos entre sí o, por lo menos, conocidos. Mike Savage, a quien le gusta organizar todo y es el líder del grupo, tiene un sistema para organizar la pesca de todos muy interesante. Usualmente hay un guía por cada dos pescadores y, en algunas operaciones, se forman las parejas de pesca desde el primer día, por sorteo, y se les asignan los guías. Con este sistema pescan toda la semana, les guste su compañero o no. En su sistema Mike hace rotar cada dos días las parejas y los guías, esto hace que todos pesquen con todos, disfrutando de la compañía mutua. Al ser todos los del grupo pescadores de salmón expertos, excepto yo, que conocían el río desde hacía muchos años, -algunos de ellos venían pescándolo más de diez años seguidos-, no había problemas con los guías, podía ser cualquiera.

En el momento de los aperitivos, además de organizarse las parejas para el día siguiente, se organizaba la distribución de éstas en las diferentes zonas de pesca. Se hacía por elección o por rotación no tan estricta. Si había alguien que quería volver a pescar un beat -zona- determinado lo pedía y si no había otro interesado se le asignaba.

El río Varzuga tiene unos 240 kilómetros de extensión. La sección de río que le correspondía a nuestro campamento estaba a unos 90 kilómetros de la desembocadura y tenía una extensión de unos 18 kilómetros, de los cuales, doce se encontraban río arriba del campamento y los restantes río abajo.

Normalmente el traslado a la zona de pesca, tanto aguas arriba como aguas abajo del campamento, se hace en botes a motor jet boats en ellos van el guía y los dos pescadores. Cada bote se dirige al tope de su zona y desde allí comienzan a pescar aguas abajo todos los pools -pozones- de la zona asignada para la mañana y, después del almuerzo, la zona de la tarde. Así es en condiciones normales de río. En esta temporada el río estaba muy bajo y no era posible el uso de estos botes. Por lo tanto hubo que caminar todos los días a la zona asignada, salvo dos días en que fuimos trasladados en helicóptero ahorrándonos la caminata de ida.

La caminata en sí no era tan dramática, pero, de todas maneras, era un esfuerzo grande, sobre todo cuando había que ir al beat de arriba de todo distante doce kilómetros o un poco más. Me tocó este beat el día lunes compartiendo guía con Tony Paulino-Alvarez, un dominicano muy extrovertido, y Jo Monroe, mi compañero de cabaña, divertidísimo al que ya conocía de la temporada anterior del río Grande en Chile. La noche anterior acordamos entre los tres cómo íbamos a pescar el beat, yo bajaría pescando por la orilla derecha y ellos por la izquierda, pudiendo cada uno de nosotros cruzar el río y pescarlo de la orilla opuesta si las condiciones así lo requerían o permitían. No fijamos hora de partida desde el campamento y, cuando yo ya estaba listo para salir, nueve de la mañana, el resto incluyendo el guía habían partido ya cada uno por su lado y a su propio ritmo de caminata.

No soy rápido para salir, soy lento para preparar mi equipo, lento o meticuloso; en cambio, soy bastante rápido para caminar, - así son los porrazos que me doy también, sobre todo en el pasto mojado con suelas de fieltro-. Como el clima era variable y estaríamos lejos del campamento llevé un bolso para el equipo, algunas prendas de abrigo, cámaras de fotos, botellas de agua mineral y alguna fruta y la caña de dos manos armada con el reel y la mosca puestos listo para tirar si la oportunidad se daba.

En total demoré en llegar al tope dos horas y media de tiempo neto de caminata con unos cuantos porrazos, una enorme ampolla en el talón izquierdo que me acompañó las siguientes dos semanas y una parada para descansar pescando en un pozón. Creo que fue el Rory's Reach, donde saqué un lindo salmoncito de unos tres kilos con mi mosca Fina, a eso de las 11:30 . Al resto de mis compañeros y al guía ya los había pasado hacía media hora y nos volvimos a juntar cuando solté mi salmón, en ese pozón.

Una vez que llegamos al tope nos pusimos a pescar aguas abajo, parando sólo para almorzar una hora o menos. Estuvimos finalmente de regreso en el campamento aproximadamente a las ocho de la noche. Fue un día agotador. Por suerte a todos nos fue bien en la pesca. Yo saqué dos salmones más, uno a las 19:00 en el Hércules con una Marcos Mini Rubber Legs y que pesó unos cuatro kilos y medio, y el otro, que pesaba unos cuatro kilos, en el Rapids, ya cerca del campamento, a las 19:30, con una mosca tubo atada por mí.

El guía, -se suponía debía ayudarnos a los tres-, en un momento dado, tal vez fue de arranque en la mañana, se quedó más que justificadamente con uno de nosotros; creo que estuvo todo el día con Tony Le era imposible correr entre uno y otro con su copo para ayudarnos, normalmente, estábamos pescando pooles diferentes y a considerable distancia uno del otro. Nos hubiese hecho mucha falta el guía con su copo al lado nuestro ya que era muy difícil dominar al salmón como para ponerlo en la orilla, casi siempre barrancosa, y poder quitarle el anzuelo y devolverlo al agua. Muchos salmones se perdían de esta manera y por muchas otras causas, como veremos más adelante. Además, yo venía muy mal acostumbrado del río Grande, donde es muy fácil poner la trucha nuestra sobre la playa y mucho antes de que la misma se entregue como para liberarla en menos tiempo sin que sufra tanto estrés. El salmón es diferente, y me costó perder muchos antes de aprender la lección, algunos de ellos eran muy grandes.

En todas nuestras salidas de pesca, aún en helicóptero, nos acompañaban tres perros Huskies Siberianos. Su única misión era espantar los osos que abundaban en la zona y que nos podían incomodar si no estaban. El día que llegamos Justin nos dio una pequeña charla sobre las actividades de este campamento y normas de seguridad en caso de encontrarnos con un oso en el río. Parece que los osos allí no son tan peligrosos como en otros lados, Groenlandia o Alaska por caso, pero había que tomar ciertos recaudos. Lo mejor, entonces, era tener los perros cerca. El problema era que además de los osos espantaban toda la fauna que había en la zona. A todos nos hubiese gustado ver algunos ciervos de los que abundan allí también.

Continúa en Notas Relacionadas: 
Pesca en  Rusia, Río Varzuga Parte II y Pesca en  Rusia, Río Varzuga Parte III en este mismo sitio.

MARCOS JUAN CZERWINSKI
www.Anglerstdf.com.ar

Last Updated ( Tuesday, 27 March 2007 )
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