| Pesca en Rusia: Río Kola, Parte I |
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| Written by Marcos Czerwinski | |
| Monday, 03 March 2003 | |
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Después de aguantarme estoicamente todas las cargadas de los británicos por el partido que nos ganaron en el mundial Corea – Japón, nos preparamos en el aeropuerto de Murmansk, en la península Kola en Rusia, para partir rumbo al segundo campamento, éste sobre el río Kola.
Una vez que nos juntamos con todo nuestro equipaje y éste fuera cargado en los vehículos partimos excitadísimos al nuevo destino. El campamento estaba relativamente cerca, nada mas que a unos sesenta kilómetros, o menos, del aeropuerto y de la ciudad de Murmansk. La pesca se realizaría en la parte superior del río, desde el Bear beat, unos kilómetros aguas arriba de la desembocadura del río Bear, hasta el Shongy beat, muy cerca de la villa Shongy, a unos treinta kilómetros de la desembocadura del Kola en el fiordo Murmansk, sobre el cual está la ciudad homónima cuya población es de medio millón de habitantes. Muchos de estos ríos norteños en la península Kola desembocan en fiordos en los cuales hay instaladas bases de submarinos de la Armada rusa. Precisamente en el fiordo del río Ura, cuya desembocadura se encuentra muy cerca de la del fiordo Murmansk, fue donde se hundió el submarino Kursk. El campamento Está ubicado sobre el mismo río Kola, aguas arriba de una villa de casas de fin de semana, en el medio de un bosque de cipreses en el cual estuvo instalado un hospital de campaña durante la Segunda Guerra Mundial. Las cabañas eran similares a las del campamento en el Varzuga pero un poco más confortables, tenían el baño incorporado y también el hall de invierno donde se colgaban todos los equipos, waders y camperas. Era un campamento nuevo, inaugurado en esta temporada, en el cual todavía se estaban construyendo cabañas adicionales. Entre las cabañas en construcción y las nuestras se encontraba una casa de madera muy grande, con techo a dos aguas, la cual era a la vez, comedor para huéspedes y staff del campamento, bar y sala de estar y televisión. Quisimos ver los partidos del mundial pero fue imposible por algún problema de antena según nos dijeron. Lo que sí mirábamos eran las fotos y filmaciones digitales del día y las de la semana anterior en el río Varzuga. Entre esta cabaña-comedor-bar-cocina y el río, había otra cabaña, muy vieja, instalada justo sobre la barranca que daba sobre el río en el lugar del embarcadero, y la cual era el bania -baño- ruso o baño sauna como lo conocemos nosotros. El sistema es el mismo pero las ceremonias son algo diferentes. En este campamento éramos doce cañas, seis integrantes del grupo Varzuga, excluyendo a las mujeres que ya habían regresado a Inglaterra, y seis nuevos pescadores que se sumaron al grupo. Todos los nuevos pescadores ya se conocían con muchos de los del grupo y todos ellos ya habían pescado este río anteriormente en reiteradas oportunidades, excepto dos, un amigo de Jo Monro, Mike Faherty, y yo. Las actividades en el campamento eran similares a las del anterior: desayunos no aptos para Gordos Anónimos. En el río almuerzos frugales pero sustanciosos, consistentes en una sopa rusa con todo, como verduras o algunas veces con repollo, fideos, embutidos típicos, panceta ahumada, trigo, bien condimentada y sin desgrasar. Además teníamos un sándwich de fiambre y queso, fruta de postre y café o té ruso -demasiado fuerte, debe ser por lo del hígado y el vodka-. Para la tarde unos biscochos de miel y avellanas o nueces, típicos de Europa central y muy populares en Polonia también. Yo seguía con mis dos tostadas para el desayuno, me salteaba la sopa pero me comía el resto del almuerzo y me reservaba para la cena. Esta era digna de los más finos salones de los zares rusos, sin exagerar, ya que el menú fue preparado por el chef en jefe del Kremlin, quien estuvo en el lugar dándole clases especiales de cocina a nuestro cocinero. Todas las noches disfrutábamos de un plato típico de alguna región de la enorme Rusia excelentemente preparado y presentado en la mesa. El clima Bastante mas fresco que en el Varzuga ya que estábamos unos trescientos kilómetros mas al norte y muy cerca del mar Bherents y del casquete polar ártico. El radiador de la calefacción en la cabaña siempre estaba encendido. Si el cielo estaba despejado el sol calentaba mucho, cuando se nublaba o llovía refrescaba bastante. Típico de esas latitudes. Tuvimos, además, una semana lluviosa que hizo crecer el río unos sesenta centímetros de un día para otro, aunque, sin ensuciarse. En las barrancas que daban al río, sobre todo las que no recibían mucho sol, estaban cubiertas con planchones de nieve vieja cubiertos por las agujas de los pinos. Recién después del resbalón uno se enteraba que había nieve allí. Un día salí de la cabaña para cambiar la línea de reel. Até el líder a una rama de un pino y comencé a caminar hacia atrás entre los pinos y las cabañas desenrollando el reel que no me servía para luego enrollar la misma línea en el reel que utilizaría. No había caminado ni diez metros cuando, de pronto, me encontré tirado en el medio de los pinos, desbarrancado unos tres metros mas abajo del nivel de las cabañas, habiéndome patinado, justamente, en uno de esos planchones de nieve. Soy de andar a los porrazos por ahí, pero nunca me imaginé que en pleno verano me encontraría con nieve camuflada debajo de las agujas de los pinos. A pesar del clima más fresco la cantidad de mosquitos no disminuyó con respecto a la semana anterior mas al sur. Estos se hacían sentir y bastante. La pesca La pesca en el Kola estaba organizada de otra manera, digamos que era una combinación de lo que a Mike Savage, el gurú del salmón del Atlántico según sus pares, le gusta organizar en sus grupos de amigos, donde todos rotan entre sí, clientes y guías, y lo que Bill Davies, el operador de la pesca en el Kola, organizaba en su campamento. El sistema de Bill consistía en parejas y guías fijos, pero como había mas zonas de pesca -beats- que parejas, lo novedoso era la elección del beat sobre la base de un orden para elegir sorteado el primer día. Cuando llegamos el sábado al mediodía ya teníamos asignadas las cabañas por parejas. Estas mismas parejas entraban en un sorteo sacando de una gorra números del uno al seis, -seis parejas-, creándose así un orden válido para toda la semana, del uno al seis, con el cual las parejas elegirían su beat para el día siguiente. O sea que, la pareja que sacó el número uno el sábado elegía primero el beat para el domingo, pero pasaba al segundo lugar para elegir para el lunes, pasando el seis a ocupar el primer término para la elección del lunes. Al sexto día de pesca, el que tenía el número uno era el último en elegir y el seis el primero. Como era de esperar, los conflictos surgieron inmediatamente ya que había pescadores que querían rotar entre las parejas y otros que no. Pero la sangre no llegó al río y las parejas que querían cambiarse se cambiaron y lo fueron haciendo toda la semana sin ningún inconveniente. Es mas, una vez que terminaron de instalar otra cabaña, la tercera noche abandoné a mi amigo y compañero de cabaña, Robin Blackhurst, y me fui a dormir a la cabaña nueva porque de la emoción de haber sacado el pescado mas grande de mi vida me la pasé soñando, gritando entre sueños y roncando, lo cual, supuse, molestaría a Robin quien tiene un sueño muy liviano. Otro tema que surgió en esa reunión del sábado al mediodía, la reunión informativa que yo llamo brieffing en recuerdo a viejas épocas de piloto, fue algo que propuso Bill Davies. La semana anterior todos pescaban en horarios nocturnos, que es cuando los rayos solares no caen en forma vertical, debido a que durante las últimas dos semanas no había llovido y tuvieron cielos totalmente despejados y días muy calurosos. Estas condiciones de pesca eran desfavorables ya que al salmón, parece, no le gusta este tipo de clima. Por lo tanto, se decidió después de una larga evaluación entre todos cambiar el día por la noche. La actividad normal era como en todos los campamentos: comidas en horarios usuales con el almuerzo servido en el río y la comida importante a la noche en el campamento, alrededor de las nueve. El nuevo sistema adoptado consistía en adelantar la comida más importante, que era la cena, para la hora del almuerzo, luego una buena siesta, -fue tomado aquí como ejemplo y modelo el sistema nuestro de Tierra del Fuego y el río Grande, excepto la pesca nocturna-, y, alrededor de las cinco de la tarde se saldría a pescar hasta las cuatro de la mañana, aproximadamente. Este sistema, como era de esperar, nos duró nada mas que un día, el domingo. Comimos como caníbales al mediodía y una sopita a la una de la mañana. El lunes volvimos a la normalidad porque el domingo las condiciones meteorológicas cambiaron radicalmente, refrescando y nublándose bastante, y, además, si bien de noche allí era como pescar de día a nadie le causaba gracia invertir su reloj biológico. El tramo del río Kola que teníamos para pescar era de unos veinte kilómetros o un poco menos, en línea recta sobre el mapa, con lo cual de río era bastante mas distancia. Este tramo de río, a su vez, estaba dividido en ocho zonas de pesca, beats, que eran, de aguas arriba hacia aguas abajo, el Bear River beat, el Reindeer beat, el Junction beat, el Serious Pool beat, el Cementery beat, el Monica beat, el Net beat y, debajo de todo, y a unos cuarenta kilómetros de Murmansk, el Shongy beat. Nuestro campamento estaba entre el Reindeer y el Junction. Este último se llama así, Unión, debido a que allí desemboca en el Kola el río Kitsa, al cual también se lo utiliza como zona de pesca o beat. O sea que teníamos en total nueve beats para elegir. Todas las mañanas partíamos a nuestra zona asignada o, mas bien, elegida, en vehículos con el guía y su balsa neumática. Entrábamos al agua en un punto determinado, en la parte superior de la zona y, por la tarde, alrededor de las siete, ese mismo vehículo nos pasaba a buscar en un lugar convenido, generalmente al final de la zona. Los vehículos eran muy elementales, tipo van, rústicos, sin lujos, pero cómodos, amplios, doble tracción, y que nos llevaban y nos traían sin ningún inconveniente. Estos son los mismos vehículos que anduvieron por la Patagonia hace algunos años como ambulancias de YPF, dato para los más memoriosos. Los viajes a las zonas de pesca eran, como mucho, de una hora y media al beat mas alejado, por lo menos al que fui yo que fue el Net aguas abajo. Aguas arriba al que más se demoraba era al Bear beat debido a que no se llegaba con el vehículo hasta el comienzo del beat sino que había que caminarlo prácticamente todo, aguas arriba, por las vías del tren con el guía cargando en su espalda la mochila con el almuerzo y encima de ella la balsa neumática desinflada. A lo largo del río de un lado corría un tren eléctrico de Murmansk a San Petersburgo y del otro lado del río, del nuestro, corría la ruta asfaltada entre las mismas ciudades. El tren cruzaba el río por un puente que era la división entre los beats Bear y Reindeer. Debajo del puente, ya en el beat Reindeer había un pozón extraordinario por los salmones que daba. Este pozón, el Bridge pool, era siempre el primero que pescaban los pescadores del Reindeer, por la mañana, pero no lo debían pescar los pescadores del Bear a la tarde, cuando ya terminaban con su zona. Como es de suponer, todo el mundo lo pescaba, el que entraba, el que salía, y ya era como que ese pool pertenecía a ambas zonas. Como ningún pescador se quejaba Bill tampoco decía nada. El río Kola es un río muy importante, caudaloso, que va aumentando su caudal en los beats de abajo gracias a la afluencia de ríos como el Bear y el Kitsa. Este último es muy similar en cuanto a caudal al Varzuga, por lo menos al Upper Varzuga que fue donde pescamos la semana anterior. Al Kola no había forma de vadearlo, ni siquiera en el Bear beat encima de la unión con el Bear. La única forma era flotarlo. Estaba prohibido navegar el Kola a motor. Por lo tanto, el guía anclaba su balsa en algún lugar determinado del río con un cliente pescando desde la misma y el otro cliente desde la orilla vadeando lo que podía o desde algún lugar vadeable en el medio del río, turnándose ambos pescadores a las órdenes del guía. Por lo general en este campamento los guías hablaban buen inglés, salvo alguna excepción, con lo cual recibir instrucciones de pesca era mucho más fácil. Lo difícil era pescar semejante mar de río. El Salmón del Atlántico y su pesca en el río Kola Una de las características de este río es que los salmones son muy grandes en tamaño y pocos en cantidad, siendo mayor el número de pesos pesados sobre todo al comienzo de la temporada cuando el nivel del río es alto y disminuye en tamaños en la medida que la temporada avanza y el agua baja de nivel. La semana anterior a la nuestra alguien sacó un salmón que rondó las 45 libras, unos 20 kilos aproximadamente. La otra característica, como queda dicho ya, es el tamaño del agua para pescar y su forma. Los pozones y correderas son tan grandes que, algunas veces, no terminábamos de pescar un pool mas su corredera en toda una mañana, como pasa en el Net pool. Sin mencionar si se llega a clavar algún salmón en este tipo de agua lo que hay que trabajar si uno está sobre un bote en el medio de esa correntada. El guía tiene que remar hasta algún lugar cercano a la orilla, donde él se puede bajar y canastear el salmón o perderlo. Como sucedió en el mencionado Net pool, con Robin pescando desde la balsa, allá en el medio de las correderas y yo desde la orilla observando de lejos la fiesta. El Net es un pool muy amplio, el cual está debajo de unos rápidos muy importantes. En este pool los salmones descansan para subir posteriormente por estos rápidos. Se los pesca en las correderas que se forman en el pozón y se comienza donde terminan los rápidos y comienza el pozón. En este lugar Robin perdió un salmón y sacó otro, no sin gran esfuerzo del guía y el suyo propio para poder sacar esos salmones de las correderas a aguas mas calmas y menos profundas para ser canasteados y pesados. El salmón que se liberó lo hizo prácticamente desde dentro de la canasta. Las expectativas reales de pesca en el Kola son variadas y dependen de la época que se pesca en la temporada. Los pescadores que van en Junio, el caso de mi grupo que ocupamos la tercera semana, es un salmón por día de promedio en los seis días de pesca. Los mas experimentados en este río pueden llegar a pescar el doble, o sea, dos salmones por día. Los pescadores que van en Julio pueden esperar pescar tres salmones o más por día. La diferencia está en que los salmones de Junio siempre son más grandes que los del mes siguiente. Es muy común también tener días en blanco, ningún salmón para anotar en nuestro libro. Es muy frustrante y desalentador tener un día en blanco. Es frustrante casi hasta la desesperación. Saber que están allí, verlos, y no poder pinchar uno siquiera es para los de espíritu bien forjado. Yo tuve dos días en blanco y sé lo que se siente. Uno hace todo bien, y en eso un bruto y astuto monstruo de mas de 30 libras casi disloca tu muñeca y funde el freno de tu reel en una desenfrenada carrera aguas abajo al pool siguiente llevándose todo, mosca, línea y backing dejándote un amargo sabor en la boca y, por que no, amargas lágrimas de frustración y rabia. El Equipo No hay otra forma de pescar este río que no sea con caña de dos manos. Son más potentes tanto para lanzar como para cansar al salmón y, también, para lanzar líneas mas pesadas, números nueve o diez, y para lanzar las grandes mosca salmoneras en anzuelos dobles número dos o los pesados tubos de bronce de cinco centímetros o más de largo. Pero, toda regla tiene su excepción. Durante nuestra semana el top rod -mejor caña- con veintidós salmones fue Mike Densen, un joven pescador de unos treinta y pico de años que pescaba por cuarta vez este río. La caña que usó toda la semana excepto el último día fue una caña de diez pies, para una mano y línea ocho. El anteúltimo día, a última hora, le enseñaron a usar la caña de dos manos. Al día siguiente fue la única que usó y su comentario a la noche, durante los copetines, fue que se arrepentía de haber usado la caña de una mano lo cual le produjo mucho cansancio debido a esfuerzos innecesarios, además de no poder pescar en algunas situaciones por el tipo de lanzamiento que debía hacer y que la caña de una mano no se lo permitía. Aún así, sacó veintidós salmones! Las líneas que se usaron fueron casi todas de flote con punteras cortas intercambiables y éstas, entre intermedias y de hundimiento III ó IV. Este tipo de líneas era las que mejor funcionaban ya que la conformación rocosa del río no permitía la utilización de líneas de hundimiento completo o los shooting de cabezas muy largas. El líder, al igual que en el Varzuga, era un nylon de no más de dos metros de largo, sin ahusamiento, y de veinte libras de resistencia, -unos nueve kilos-. Las moscas variaron radicalmente con respecto al río anterior. Estas eran más grandes, en anzuelos sin rebarba dobles número dos, cuando se trataba de moscas salmoneras clásico-modernas -mas que nada alas de pelo-, o tubos de bronce grandes y, por ende, pesados, de unos cinco centímetros o más, como queda dicho mas arriba. La mosca más rendidora según los registros de captura fue la Willie Gunn en tubo de bronce. Como en el río Grande de Tierra del Fuego no pescamos generalmente con semejante artillería no llevé este tipo de moscas pensando que en el campamento podía comprar. La suerte me ayudó y Sacha, el guía de Mike Savage para toda la semana fue el que me proveyó de las suyas. Era el único que ataba moscas de los guías, tanto del Varzuga como del Kola y no las vendía. Como corresponde, al fin de semana recibió una propina extra por sus moscas, las cuales, dicho sea de paso, eran excelentes, tanto por lo bien que estaban atadas como por lo efectivas. Fueron las únicas que usé salvo alguna excepción. Técnicas Las técnicas de pesca en el Kola son exactamente las mismas que para el Varzuga, con la única diferencia que el Kola tiene mas agua, los salmones son más grandes y que el que pesca vadeando desde la orilla tiene que dominar las técnicas de lanzamiento con caña de dos manos, el Spey cast, el doble Spey, y otras técnicas más modernas como el Snake Roll entre otras. El hecho de que el río tenga mas agua para pescar hace que los lances deban ser más largos, por lo general, y en muchos pozones el agua no corre tan rápido, por lo tanto, la mosca no deriva a gran velocidad como en el Varzuga. El trabajo con la línea es igual aunque con una puntera de hundimiento rápido se dificulta en cierta manera la maniobra de esta línea como para que la mosca pase en forma correcta frente al salmón, o, por lo menos, donde creemos que él debe estar. Que los salmones sean más grandes también significa poseer técnicas mas refinadas para la pelea posterior a la clavada. Se pierden muchos salmones si uno no tiene bien claro lo que tiene que hacer en determinados momentos o situaciones. Esto no implica que una vez que se aprendieron estas técnicas los salmones no se liberan por sí mismos. Por algo son los reyes de la pesca deportiva, en agua dulce por lo menos. En cuanto a las técnicas de lanzamiento se puede decir que el que más desventaja tiene en este río es el que pesca vadeando desde la orilla, ya que el que está embarcado puede hacerle variar la posición de la balsa al guía en función de sus necesidades. Por lo general el agua es muy profunda a dos metros de la orilla impidiendo internarse en el río a menos que uno encuentre una roca grande sobre la cual subirse. Pero, como siempre sucede, la mejor roca no siempre está en el mejor lugar para poder llegar casteando al hot spot. Y, por el contrario, si el agua no es profunda seguro que corre con fuerza, por lo cual tampoco se puede uno meter con el agua mas arriba de las rodillas ya que la corriente lo levanta a uno literalmente y se termina nadando corriente abajo. La orilla, además, está cubierta de vegetación y árboles casi hasta su borde. Digamos que el lanzamiento es complicado en estas situaciones pero no imposible. Siempre hay alguna buena alternativa al haber tanta agua para pescar.
Continúa en Notas Relacionadas: |
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| Last Updated ( Thursday, 06 August 2009 ) |
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Llegamos del río Varzuga al aeropuerto después de un vuelo en helicóptero, largo y ruidoso pero tranquilo y seguro. En la sala de espera nos encontramos con la misma cantidad de pescadores que el sábado anterior, unos doscientos cincuenta, aunque algunas caras cambiadas. Muchos de los del fin de semana anterior ya habían regresado y en su lugar aparecieron caras nuevas. Me encontré con mas amigos y clientes. Fue una gran alegría verlos allí y las bromas sobre el partido Argentina 0 – Inglaterra 1 hicieron reír a muchos de los presentes, aún los no británicos, entre los cuales me incluyo. 
