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Sentado en la cocina de mi casa, contemplando una lluvia apacible y silenciosa, comencé a pensar como estaría el Río Grande, mientras acariciaba mi vieja y querida caña Loomis, que fue arreglada después de haberse enfrentado a varios ejemplares de truchas que se rindieron sólo a costo de sus vidas, hasta que en una oportunidad mi querida compañera y amiga sintió el dolor en sus fibras más íntimas, se quebró al darnos vuelta en el auto un día que íbamos de pesca, nuevamente está conmigo y parece nueva.
Salí y pude apreciar que el viento era soportable, el día estaba soleado y había una temperatura agradable, un día típico el mes de Diciembre, teniendo todo a mi favor, comencé a preparar todo para una tarde de pesca. Me dirigí al Río Grande, entrando al coto de pesca por la parte pública, después de una charla con Sánchez, Poli y Teddy (trabajan en ese lugar) me dirigí hacia el pedrero, pudiendo ver desde el auto el río bien azul, por lo que deduje que todavía no había crecido. Llegué hasta el pozón y con gran alegría comencé a armar mi caña, me tenía fe porque con mi compañera habíamos hecho unos hermosos lanzamientos. Estaba ante el mejor río del mundo, caña en mano y con una fe ciega en la caña, ya que se comportaba de la mejor manera, cada lanzamiento con línea pesada volaba de 25 a 30 metros con facilidad. Lancé cerca de dos horas sin ninguna respuesta, ni siquiera un toque, cambié varias moscas, entre ellas estuvo Mandy, Josefina, Ghost-Fly, Bully Bagger, Sculfin y otras, esto es normal en la pesca de Río Grande, decidí cambiar de lugar, me dirigí al Gastón, un pozón que siempre da sus satisfacciones, tiene muy buena corredera, al principio y al final, es un lugar especial para sacar una buena trucha. Comencé a lanzar nuevamente con las mismas moscas pero con algunos cambios de leaders, pero se ve que a las truchas, los días especiales como éste no las incentiva a buscar alimento. Volví al pedrero, entré al agua muy cerca del pozón 79 y comencé a lanzar con mi Loomis, siendo las 19:40 hs. con unos negros nubarrones y una pequeña brisa, tiré el cuarto lanzamiento bien pegado a la otra orilla, derivó la mosca sola, sin tocarla, cuando se acomodó levanté la caña para hacerle unos movimientos, en ese preciso momento sentí un pique especial, levanté rápidamente la caña y comenzó un desafío muy lindo, una corrida río abajo bien fuerte, frené y se fue río arriba, ningún salto, mi caña que ya tiene experiencia me hacía sentir muy bien porque trabajaba como correspondía, se produjo otra corrida larga, me sacó hasta el final de la línea, en ningún momento se iba arriba, por lo que anunciaba que era un macho de buen porte, seguía la pelea en el medio de la corriente sin poder traerlo ni siquiera verlo, cuando lo tenía bien cerca y con la tensión justa para tenerlo dominado, comenzó otra gran corrida hacia el final de la corredera, pero de nuevo lo traje hacia mi lugar. Tengo una manera de pelear las truchas, jamás me muevo del lugar para no perder la concentración ni la tensión de la línea. Se mantuvo quieto en el lugar y comenzó a mostrar la cola porque estaba agotado, siguió la pelea unos minutos más, pude apreciar que era marrón, en los primeros días de temporada tienen este color por haber estado mucho en el río. Me temblaban las piernas, a pesar de tener muchos años de pesca en este río, porque sabía que era una trucha especial que luchaba en el anzuelo de mi vieja y querida Loomis, que se doblaba como nunca, en un atardecer soleado pincelado con nubarrones negros y como si esto fuera poco se habían formado dos arco iris bien marcados sobre los barrancos. Mis hijos Franco y Willy dicen que estos atardeceres son únicos. Tuve la satisfacción de poder varar en las piedras a este gran señor de 10,800 kg. Era espectacular, el sueño del pescador, le di un beso a la caña en primer lugar, otro a la trucha, la puse entre las piernas en el agua, tardó un buen rato en recuperarse y luego comenzó a nadar y volvió al lugar que le correspondía. Les agradecí a Dios y a mi caña, por haberme hecho sentir el pescador más feliz del mundo en Río Grande, Tierra del Fuego.
Luis Angel Olivier Guia de Pesca E-mail: luisolivier2000@yahoo.com.ar |